No tendría mucho más de 4 años cuando una tarde mi madre trajo dulces (de estos de hojaldre que están recubiertos de miel, a mí me encantan y comprobé que no era el único
No lo podía consentir. Ver cómo estas ladronas se pegaban el lote a mi costa y que mis padres me decían que no se podía hacer nada, era demasiado para mí. ¿Cómo era que mis padres (sí sí, los todopoderosos padres que todo pueden a esa edad) no pudieran dejar fuera de casa a esos minúsculos bichos?.
Me dediqué a estudiar sus movimientos para tomarme la justicia por mi cuenta. Descubrí que en mi patio estaban escondidas las muy ruines y que salían por unos diminutos agujeros en el suelo.
Aprendí de mi madre que el agua las mataba, así que les hechaba en abundancia; pero era inútil, cuanta más agua hechaba más hormigas salían y muchas escapaban. Tenía que haber otra opción.
Me fui derecho al cuarto de la lavadora donde estaban todos esos botes que mi madre decía que no se tomaban porque si no me moriría y pensé: si a mí me pueden matar, a las hormigas ni te cuento. Me dedicaba a hacer combinaciones de productos y a probar cuál era más efectivo (que por cierto, observé que el que más mataba era el "agua" esa del bote blanco).
Al final, terminé por asumir que mis padres tenían razón, no se podía hacer nada contra las hormigas. Por mucha lejía que usara, por muchas hormigas que matara, siempre terminaban por reaparecer, sino en unos días, sí para el año siguiente. Esa obsesión inicial por eliminarlas pasó a admiración por su capacidad de regeneración, de lucha, de trabajo y perseverancia.
Pasaron los años y una noche que llegaba de salir con los amigos me encontré en mi cuarto a un visitante indeseado: una cucaracha. Por azares del destino un zapato se encontraba en mi mano y fue a caer justamente encima del bicho. Decidí que a la mañana siguiente lo quitaría, que ahora mejor me acostaba. A la mañana siguiente me disponía a eliminar el cuerpo del delito cuando observé que ya había alguien encargándose de la labor: las hormigas estaban dando buena cuenta de la espachurrada cucaracha. Me fascinó ver cómo había hormigas soldado que se encargaban de "cortar" y las obreras de transportar. Fue entonces cuando me puse como meta hacer un hormiguero.
El resto ya es como todos, hice algunas pruebas por mi cuenta pero nunca salía bien hasta que encontré este foro y vi los fallos que cometía. Ahora espero impaciente la primavera para ver si a la tercera va la vencida y por fin puedo tener un hormiguero propio.
Espero no haber sido muy pesado con mi historia.
Un saludo
